Lo complejo y lo simple

por el 22/04/13 at 4:43 pm

Una persona que vive en RD hace relativamente poco tiempo me comentó que los dominicanos, en general, somos muy bullosos. Me dio ejemplos de diferentes contextos en que le ha tocado padecer las molestias del escándalo. Yo hubiera podido, apenada, contribuir con muchos más.

No tengo que recurrir a anécdotas para ilustrar lo que todos conocemos: colmadones, liquor stores, cultos religiosos, actividades deportivas, conductores, etcétera, que hacen un uso desconsiderado de bocinas que amplifican el sonido de manera desmedida fuera del alcance de su público voluntario y se imponen a distancia sobre muchas otras personas.

Sin embargo no siempre ha sido así. Quienes tienen mayor edad cuentan que antes había mayor respeto en este sentido. Y eso que en décadas pasadas la instrucción formal estaba menos extendida que ahora. Sobre la educación doméstica no me atrevo a generalizar. Lo que no dudo, es que no tenemos porque aceptar el abuso como una condena genética o cultural por falta de educación o por una idiosincrasia que en definitiva es cambiante. Si cambió para mal, vamos a cambiarla de nuevo para bien. No es difícil.

El ruido es considerado por la Organización Mundial de la Salud, como una forma de contaminación con efectos nocivos en la salud y en el medio ambiente y por tanto se promueven legislaciones locales para reducirlo. República Dominicana es signataria de acuerdos internacionales y cuenta con legislación que regula la emisión de ruidos y sonidos molestos o dañinos y determina cuales instituciones son las encargadas de hacer cumplir la Ley. A partir de ese marco, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales creó reglamentos que deben hacer operativas las disposiciones. Esa Norma Ambiental para la Protección contra Ruidos, establece los decibeles permitidos según las características de las zonas residenciales o mixtas (residencial-comercial) y los procedimientos para medirlos.

Entonces, si hay una demanda social generalizada en todo el país de que se controlen los ruidos excesivos y contamos desde hace años con disposiciones que norman lo que es aceptable y lo que no lo es, ¿por qué sería complejo que las instituciones llamadas a aplicar las normativas lo hagan?

Si hay debilidades, confusiones o contradicciones que obstaculicen el ejercicio de las facultades para hacer efectiva su labor, deben aclararse desde el más alto nivel. Ante tantos problemas complejos, podemos avanzar resolviendo lo simple, lo que requiere tan solo que la Ley se cumpla y que se haga cumplir de parte de todos los ciudadanos para beneficio de la colectividad. @ginnytaule

 

2 Responses to “Lo complejo y lo simple”

  1. Darío Martínez Batlle

    Abr 24th, 2013

    Si me pidieran identificar el punto cumbre de este escrito, diría que es esta porción:

    “No tenemos porque aceptar el abuso como una condena genética o cultural por falta de educación o por una idiosincrasia que en definitiva es cambiante. Si cambió para mal, vamos a cambiarla de nuevo para bien. No es difícil”.

    Me identifico muchísimo con estas palabras, casi siento que las he escrito así mismo alguna vez en el pasado. Hace falta que regresemos a la vida donde las cosas eran más simples, donde la educación que no se financia con el 4% era la zapata real de la vida.

    (Escribo esto mientras en el piso superior mantienen, desde temprano, un molestoso martilleo y ahora lo aderezan con un sinfónico taladrar).

    • Luz Aida Cruz

      Jun 19th, 2015

      Coincidiendo con el sr. Darío Martínez Battle, ese es el punto cumbre, el de que no tenemos que aceptar el abuso como una condena…sin embargo, en la parte que no coincido es que “no es difícil cambiarla de nuevo para bien”. Sí que es difícil! Lo que puedo entender es que no es imposible. Hace varias décadas no se concebían los sonidos altisonantes que se convertían en ruidos por tanta molestia ocasionada, en el antes que conozco y no es mucho, cuando era yo una adolescente, existían juntas de vecinos que por barrio se encargaban de poner el orden, y dentro del seno familiar, los padres o los mayores metían en cintura a quien osara molestar al vecino con una música alta, además la población no eran tan vasta y no estábamos rodeados de tantas almas extranjeras con diferentes culturas y conductas, entre otras “minucias”. Y los ruidos acometidos por un molestoso martilleo? los viejos esperaban una hora “decente” y hasta hablaban con el vecino, anticipándole de la acción. Ahora? Sea usted el jurado, no existe la conciencia ciudadana, el amor, respeto al prójimo y cuando usted demanda lo primero, como un derecho, se ríen en su cara… conductas enraizadas…no es difícil?

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